Nos sumergimos en mundos artificiales porque la realidad ha dejado de tener sentido para nosotros. Es, en cierto modo, una eutanasia digital: preferimos el mundo falso y bondadoso antes que el real y cargado de violencia. Una droga de escape, una mentira piadosa. Al fin y al cabo, todos queremos huir.
Con este proyecto pretendía adentrarme a oscuras dentro de la caverna de la consciencia y las preguntas e implicaciones que esta conlleva en la era digitalizadora, donde todo lo plausible es también programable.
En la imagen vemos este proceso de transición entre el cuerpo y la máquina, de lo tangible a lo intangible.
Por fin, el ser humano ha creado su propio cielo y se ha encerrado en él con llave, para huir de los monstruos que poseen y dominan la Tierra.